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Trabajadores de la luz

Este término designa a los que se dedican a un trabajo espiritual, a menudo con fuerzas o cualidades fuera de lo común, ayudando a los humanos o las almas perdidas y contribuyendo en la ascensión de la tierra a niveles más altos. En la batalla final contra las fuerzas de la oscuridad jugarán un papel especial.

Catalina, 19, vio bajo hipnosis una vida pasada en la Atenas clásica del siglo V. Se llamaba Ariadne y tuvo una vida corriente. Su hijo se fue a la guerra contra Sparta y fue matado. A pesar de su dolor, tuvo que ser fuerte para apoyar a su nuera que se había quedado viuda y a su nieto de 8 años. Aquella vida la afecta en ésta en cuanto al estrés que siente por tener una misión importante. Su guía, Anaxímandros, le dijo que formaría parte de una organización no gubernamental que trabajará para parar los planes oscuros que tratarán de imponer las fuerzas malignas para que la tierra no pueda ascender. Esto ha de tener lugar dentro de unos treinta años. Hasta entonces, le dijo que experimentaríamos una guerra mundial y muchas catástrofes naturales.

Lucía, 46, no vio una vida pasada, sino que se trasladó a otro nivel en el que se encontró con otros como ella, que venían de distintas partes del universo, aunque todos de aspecto humano. Ella estaba encargada de vigilar un portal muy importante. De momento no se le podía revelar mucho sobre esa misión, ya que el tiempo no había llegado. Tenía que superar unos obstáculos, como ayudar a su alma gemela (que actualmente era su marido) que había sido afectada por fuerzas demoniacas en una vida muy lejana. Lucía se dedica al reiki, pero por mucha terapia que le dé, la oscuridad vuelve. En la hipnosis vio que la fuerza maligna era el Diablo, y no pudo ver más detalles que le permitieran cortar el vínculo. Le aconsejé que hiciéramos una sesión con nuestro guía y mi colaborador, pues de esta manera ningún demonio puede escapar o esconderse.

Ana, 40, estaba felizmente casada, pero sentía algo raro por Jorge, un compañero de trabajo. El sentimiento era mutuo, pero él nunca le había mostrado algo. Ana quiso ver en una hipnosis qué tenía que hacer con él. ¿Hablarle o hacerse la sueca? Vio que en su vida anterior eran pobres y se fueron de Italia en barco a EE.UU. Sin embargo, recién llegados allí, alguien mató a su marido para robarle. Ella se hizo periodista y tuvo una vida satisfactoria, pero se quedó sola toda la vida. En esta vida Jorge no se atreve a hablare de su amor por ella, porque sabe que es feliz con su marido. Ella no se atreve a hacer nada, porque lleva la amargura de haberlo perdido en su vida pasada. La puse en comunicación con su guía y pregunté cuál era el plan de su alma. Vino un ángel que en realidad era su marido. Le dijo que era su ángel guardián y que había venido a protegerla y ayudarla a cumplir con su trabajo profesional y el que había de llegar más tarde, el más espiritual. La quería mucho, pero si ella decidiera separarse para vivir con Jorge, lo respetaría. Ana vaciló un poco, todavía alterada por las impresiones de su vida pasada. Le dio las gracias y la desperté. Hablamos un rato y me dijo que pensaba de momento quedarse con su marido, pero pase lo que pase, era un consuelo saber que su marido seguiría a su lado como amigo y mentor espiritual. Las dudas que había tenido hasta entonces la habían hundido en una depresión larga, pero ahora que sabía tanto la verdad como su misión se sentía como una nueva mujer.

Dikea, 29, era muy sensible a las energía ajenas. Había hecho uno de esos tests para averiguar si era índigo, y sacó un resultado afirmativo. Vio también que su guía era un ángel. Estaba en el octavo nivel espiritual y su misión era dar amor a la humanidad y despertarla de su estado letárgico y apático.

Vaso, 25, tras las inducciones que le di para que fuera a la vida pasada que más la afectaba, fue trasladada a otra dimensión, en un templo al que acudían varios hombres. Ella era hombre también en esa dimensión. Estaban vestidos como monjes y estaban muy serios. Formaron un círculo y se sentaron para hablar. No sabía qué decían, pero se trataba de una tarea común que cada uno estaba llevando a cabo en su propio mundo. Ese consejo tenía lugar en el presente, y ella iba allí durante su sueño. Además de las tareas individuales, tenían una tarea en común que se les revelaría más tarde. La puse en contacto con su guía espiritual, y éste le dijo que tenía que aprender la telekinesis, o sea el poder de mover objetos con el pensamiento. Vaso ya había lo intentado y lo había conseguido, pero había que desarrollarlo. La telekinesis era un elemento clave de su misión durante la guerra espiritual que había empezado y que se agudizaría cada vez más. Despertó ilusionada y una semana más tarde me escribió para decirme que había empezado clases de telekinesis.

Kiriakí, 31, estaba preocupada con el traslado de una dimensión a otra. Bajo hipnosis, experimentó cómo era cambiar sus átomos de la cuarta dimensión en la que estamos, adaptarlos a la quinta y luego volver al estado de la cuarta. Era como si primero se expandieran y luego se condensaran. No podía explicarlo muy bien, pero necesitaba sentirlo para poder aprenderlo. La llevé a su guía y éste le explicó que esa habilidad le serviría para cuando los habitantes de la tierra subieran a la quinta dimensión, es decir ascendieran, para tener cuerpos etéricos. Ella les ayudaría a hacer la trasmutación. Ya existen personas que pueden hacerlo. Se empieza por una parte del cuerpo, como la mano, metiendo ésta en una pared, y poco a poco se llega a meter todo el cuerpo. Kiriakí vio también la llegada de una guerra mundial entre Rusia, China y EE. UU y muchos terremotos, huracanes e inundaciones en los años antes de la ascensión.

Profecías aparte, nadie sabe exactamente qué es lo que ocurrirá en los próximos años, ya que mucho depende de las invisibles batallas que se llevan entre las fuerzas del mal y las del bien y los resultados de ellas. Una cosa está segura, que hay más y más personas espirituales que se dedican a ayudar a la humanidad en vistas de formar una sociedad más justa y motivada por el amor incondicional.