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Liberación espiritual (Exorcismo)

 


Los humanos estamos hechos de varios cuerpos: un cuerpo biológico, un cuerpo etéreo (nuestro qi –mana en hawaiano- o fuerza vital) y un cuerpo astral. También tenemos un cuerpo mental  (nuestros pensamientos), un cuerpo emocional y un cuerpo espiritual (nuestro yo superior). Cuando nuestros cuerpos energéticos se debilitan, una entidad astral se puede adherir a ellos. El debilitamiento se puede deber a una enfermedad, intoxicación con drogas o alcohol, anestesia, un trasplante, el parto, un aborto, una lesión, sonambulismo, proyección astral, meditación, un choque emocional, depresión, etc. Por eso debemos siempre pedir protección a nuestros ángeles o guías espirituales, o visualizar que  estamos rodeados de luz blanca antes de empezar cualquier  actividad metafísica. Las entidades pueden entrar también cuando las invitamos, sea por sesión de espiritismo , el juego de la ouija, escritura automática, brujería, etc. No importa si llamamos a una entidad específica o no; cualquier entidad, incluso un demonio, puede venir en su sitio, personificando la que llamamos. Puede quedarse en nuestra casa o pegarse a nuestro cuerpo astral. Mi sugerencia es que os olvidéis totalmente del espiritismo, del juego de la ouija y de la magia blanca  (a menos que se trate de magia luminosa, en cooperación con vuestro guía espiritual o San Miguel). La escritura automática conlleva también riesgos. Es muy importante pedir protección y asegurarse de que sois vosotros quienes movéis la mano, basados en vuestra intuición. La proyección astral se debe aprender gradualmente y con muchas precauciones y siempre tener a alguien a vuestro lado que vigile. Lo fundamental en toda actividad metafísica para estar a salvo es no tener sentimientos negativos (miedo, ira, depresión, etc). Si algún espíritu se os presenta como un guía y os da directivas u os ofrece un pacto, no os fiéis. Un verdadero guía suele venir en nuestros sueños para darnos consejos, algún mensaje o apoyo.


Muchos videntes y terapeutas son engañados cuando llaman por primera vez a su guía espiritual o a los ángeles. Luego colaboran con una entidad oscura que socava y sabotea su trabajo. Os dicen por ejemplo que tenéis una maldición o brujería (y tal vez sea verdad), pero os piden miles de dólares para romperla. O vais a un terapeuta para obtener terapia y volvéis con una entidad oscura que os puso.  No sois vosotros sólo una víctima, sino él/ella también. Esos profesionales atraen a la entidad mediante una debilidad o si su motivación primordial es el beneficio personal y la ambición, en lugar del deseo de ayudar.


Las entidades que se pueden adherir a nosotros pueden ser almas de humanos o animales muertos, fragmentos de humanos o animales-muertos o vivos, cordones umbilicales, extraterrestres, elementales, gnomos y otros seres etéreos, fragmentos de nefilims, formas-pensamiento  y finalmente demonios.


Un grupo de entidades especiales son los fragmentos de nosotros mismos, sea de una vida pasada o de ésta. Tras una experiencia traumática, un fragmento de nuestro cuerpo astral se despega del mismo, si bien quedándose cerca y toma el control de nuestro comportamiento, de acuerdo con sus propias necesidades. Pueden ser extremadamente nefastos, a veces más que una entidad oscura. A los de esta vida no se les puede mandar a la luz, sino que tienen que ser integrados en el resto de la personalidad. Esto requiere una serie de sesiones, en las que cada entidad se identifica, se la deja expresarse y se la ayuda a reintegrarse.


Los demonios que la  mayoría de la gente lleva son personas que vivieron en una de sus vidas pasadas –por ejemplo enemigos nuestros o nosotros mismos- y que tras morir se volvieron demonios a causa de sus sentimientos negativos –rencor, rabia, odio, depresión. Nos encuentran en nuestras vidas posteriores y se apegan a nosotros para destruirnos.


La entidad, por muy benévola que sea, nos transfiere sus propios pensamientos, emociones y necesidades. Puede causar un comportamiento disfuncional, bloqueos, sentimientos negativos, obsesiones, adicciones, tendencias de suicidio, agotamiento, esquizofrenia, amnesia, alzheimer (junto con la fragmentación del cuerpo astral), trastorno bipolar, trastorno de identidad disociativa (o de personalidad múltiple), trastorno de identidad errónea, epilepsia, desmayos, etc. Desde luego, esto no quiere decir que estas aflicciones siempre se deban a una entidad.


Los síntomas de un apego de entidad pueden ser una sensación de frío/calor/dolor/pesadez en el cuerpo. Muchas veces es asimétrica, o sea que se siente sólo en una mano o pierna. Sin embargo, la mayoría de las señales son emocionales. Se siente una inexplicable tristeza, soledad, angustia, rabia, un vacío, etc. O bien se tiende a hacer cosas raras o extremas, fuera de carácter. La vida se hace más difícil, desincronizada, atrayendo situaciones y personas desagradables. Parece que se repele a la gente o que no se puede comunicar con ella a un nivel profundo. En la hipnosis los síntomas se agudizan y si la entidad ha debilitado mucho a la víctima –especialmente si se trata de un demonio- tal vez no se pueda terminar la sesión. Algunos de mis clientes se agotaron hasta tal grado que tuvimos que reanudar la sesión otro día y preferentemente mediante mi colaborador. Otra cosa muy seria que nos ha revelado el guía es que algunos clientes hicieron bajo hipnosis un pacto subconsciente con el demonio y éste los engañó haciéndoles ver que se fue, mientras que en realidad se quedó. En otras ocasiones el demonio engañó al cliente desde el principio y éste veía  que todo estaba bien y que no tenía ninguna entidad. O, aun peor, el demonio les hizo creer que había otro demonio que fue enviado a la luz. Total, un auténtico show. Por estas razones ahora realizamos las liberaciones espirituales por medio de mi colaborador, no directamente con el cliente.


Con la ayuda de los ángeles y ayudantes espirituales  e inspirada por el método del doctor William Baldwin, nuestro guía mete a la entidad dentro del cuerpo de mi colaborador y dialogo con ella por su boca . La ayudo a comprender su situación y sus opciones y la convenzo volver a casa, es decir a su propio lugar en la luz –el mediano terreno astral-donde residen las almas y pueden ir a su próximo nivel de desarrollo. Tal vez un alma haya residido desde hace siglos en el bajo terreno astral, un sitio de vibración muy baja en el que viven o visitan demonios y otros malhechores y hechiceros. Un alma puede también pegarse a una persona o saltar de una persona  a otra. Cuando alguien que tiene una entidad sobre sí muere, su alma es a lo mejor bastante fuerte como para arrastrar a la entidad hacia la luz. Otra posibilidad es que la entidad sea la más fuerte y entonces no deje a su anfitrión ir a la luz, sino que lo guarde en la oscuridad –el bajo terreno astral. Puede incluso arrastrarlo hacia otra persona, entrando en la misma los dos a la vez. A través de este mecanismo, alguien puede tener cientos de entidades.


Lo que mantiene a un ser humano en el bajo terreno astral –el más cercano a la tierra- son sus sentimientos negativos a la hora de la muerte (rabia, temor, espíritu de venganza, sentimiento de injusticia o de haber dejado algo a medias o simplemente confusión). Algunas almas no se dan ni cuenta de que han fallecido y a menudo se quedan atadas a la tierra, errando entre nosotros sin llegar a comprender por qué no las vemos. Otras no van a la luz que aparece porque no creen en nada o porque tienen una maldición o brujería que las bloquea. Estas almas corren más fácilmente el peligro de cooperar con las fuerzas del mal que les hacen promesas falsas, esclavizándolas. Aunque estas almas perdidas se dan rápidamente cuenta de que han sido engañadas, están obligadas a servir a sus jefes. Su vibración es tan baja que no pueden subir a la luz. Olvidan su vida anterior y su identidad y se convierten en demonios. Se les da un nuevo nombre y están condenadas a una esclavitud sin fin o hasta que un chamán o terapeuta las descubra y las ayude a recordar y salvarse. Con este sistema de liberación,  hasta los demonios pueden salvarse. Satán les dice varias mentiras, como que la luz es peligrosa y que él les va a proteger de ella, que les va a dar poder, etc. Les anima a sentir más y más odio, arrogancia y rabia y les ordena destruir a los humanos. Pueden hacerlo mediante estos mismos sentimientos que sienten también los humanos. Lo similar atrae a lo similar en el mundo energético. Estos sentimientos conducen a un comportamiento destructivo y la gente cae enferma, daña a los demás, mata y al final muere. Existen también agentes libres entre las fuerzas del mal, es decir entidades que no obedecen a nadie, sino que hacen el mal por su propia cuenta.


En cualquier entidad oscura hay sin embargo una mónada de luz escondida profundamente en sí misma, una estalla de lo que fue al nacer, o sea al despegarse de la fuente divina. Cuando las convenzo que miren profundamente en sí mismas (y casi siempre lo hacen, por curiosidad o para conseguir lo que les prometo), ven esta mónada de luz. A medida que la miran, ésta crece. Se dan cuenta de que la luz no les hace daño sino que les hace sentirse bien. Se dan cuenta  del engaño, se acuerdan de su última vida o de su identidad, se transforman y se arrepienten. Ya desean  volver con los ángeles o guías a su casa espiritual. Antes de irse, les pido que llamen a todos sus subordinados y amigos y mandarles o animarles a que reciban la misma terapia. Se alegran de hacerlo y así se pueden salvar cientos o miles de entidades oscuras a la vez. Pero no todos los demonios  cooperan. Algunos se niegan a mirar dentro de sí e intentan ahogar a mi colaborador. Éste, estando en proyección astral, no siente dolor, y los pica con la espada divina de nuestro guía. Sus átomos se parten y se reciclan en la luz divina. En otros casos, la entidad se queda dentro de él hasta debilitarse. Al final  vuelve a la fuente divina.


Con los extraterrestres el método es el mismo si se han hecho demoniacos. Si no, depende de sus propósitos y su índole. Una práctica corriente es colocar pruebas etéricas en el cuerpo astral de la gente para conseguir información o llevar a cabo experimentos. Al detectarlas, llamo al capitán o al gobernador de la expedición y apelo a la "Directiva Primordial", inspirada por la famosa teleserie Viaje a las Estrellas (Star Trek). Esta directiva prohíbe a civilizaciones más desarrolladas que influyan en las menos desarrolladas. Algunos comprenden, cogen su equipo y se van. Otros son hostiles y se niegan, lo que en general significa que son dirigidos por demonios. En tales casos hay que ocuparse primero del demonio del gobernador. Una vez despejado, el extraterrestre se vuelve bueno y manda que todo el equipo sea recogido. Puede también pedir que todos los demás equipos similares que han sido colocados en otros humanos también se recojan. William Baldwin ha quitado de esta manera miles de pruebas extraterrestres de seres humanos al mismo tiempo. Sin embargo, esto no es siempre posible, como por ejemplo en el caso de un acuerdo entre los extraterrestres y el gobierno. Está demostrado mediante personas bajo hipnosis que el gobierno de EEUU y otros gobiernos reciben tecnología  extraterrestre a cambio del derecho de realizar experimentos sobre los humanos. Éstos se hacen ya directamente sobre su cuerpo físico secuestrándolos o indirectamente con chismes etéreos en su cuerpo energético que empujan sus emociones hasta puntos extremos y les obligan a recurrir a adicciones. Existen asimismo extraterrestres exiliados que dejaron su dimensión a causa de un régimen totalitario así como extraterrestres perdidos que se fueron y pararon con mi cliente. Otros son híbridos, cruces de dos seres extraterrestres diferentes que fueron expulsados de ambos mundos. Invoco al grupo de ángeles responsables de estos seres para llevarlos a su propio lugar en la luz espiritual donde puedan ayudar a su mundo o simplemente estar allí y desarrollarse. Existen también mundos enteros a los que la luz divina no ha llegado nunca. Fueron esclavizados por Lucifer inmediatamente después de la creación o establecieron un contracto con él más tarde. Sus descendientes quizás ni siquiera lo sepan sino que siguen el sistema que les fue dado. Esos seres viven en una rutina, sin alegría, amor o libertad, condenados a vivir hasta una edad concreta y sus almas, carentes de conocimiento o conciencia, se entregan al Diablo.


Existe una galaxia entera que ha caído bajo la posesión de Lílith, la primera mujer de Adán. Sus habitantes son seres programados y sin sentimientos cuyo único anhelo es llevar a cabo su trabajo -experimentos- sin ninguna preocupación por el dolor humano. Hacen acuerdos con los demonios y ponen implantes etéricos en los cuerpos humanos. Estos implantes son a menudo transmisores que programan a la víctima para que piense y haga lo que se le manda. También extraen energía de su víctima. Le quitan el lama trozo por trozo hasta llevársela entera como esclava a su planeta, mientras que el cuerpo físico queda libre para ser habitado por el ET. Es muy difícil convencer a esos seres a que se vayan, a menos que se tenga algo útil para ellos que trocar. En esos casos hacemos la guerra. A Lílith, desde luego, no se la puede traer aquí, pues su fuerza derrumbaría toda la ciudad. Y nunca se arrepentiría. Al irse esos seres no se toman la molestia de remover esos implantes. Hemos tenido clientes con cientos de implantes. Una vez alejados, mi colaborador y sus ayudantes espirituales pueden remover esos implantes. Pero es un procedimiento lento y doloroso.


Los elementales, los espíritus de la tierra, los gnomos y otros seres parecidos son guiados hacia su propio mundo. Las formas-pensamiento y los egregores (creados por energías humanas o demoniacas, adrede o no) son despejados por los ángeles. Mediante magia negra y maldiciones se mandan formas-pensamiento negativas, almas perdidas o demonios. Las almas atadas a la tierra, los extraterrestres y los seres etéreos suelen ser atraídos a los humanos a los que se adhieren a causa de características similares, como por ejemplo por una necesidad errónea de ayudarles o buscar refugio. Los familiares fallecidos o seres queridos caen a menudo bajo esta categoría.

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